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Mundo | julio 16, 2015
Recuerdan derribo de avión malasio hace un año en Ucrania
En fotografía del 19 de julio de 2014 se ve a combatientes prorrusos caminar por un camino al lado del cual se encuentran los restos de víctimas del derribo de un avión de Malaysia Airlines cerca del pueblo de Hrabove, en el este de Ucrania.

Los campos en las afueras de Hrabove, que hace un año estaban salpicados de cadáveres y olían a plástico y cuerpos quemados, ahora huelen a flores silvestres. Sin embargo, el derribo del avión de Malaysian Airlines que volaba a Kuala Lumpur aún aterra a los residentes, quienes recuerdan cómo caían cadáveres del cielo sobre su tranquilo pueblo en el este de Ucrania.

“La gente salía de sus casas para ver un cuerpo sin cabeza que estaba tendido ahí” en la calle, recuerda Nadezhda Tsyb, una pobladora. “Entonces vi una chica: venía cayendo del cielo, dando vueltas en el aire, luego cayó en el huerto de mi vecino”.

Las 298 personas que viajaban a bordo del vuelo MH17 murieron al ser derribado el avión el 17 de julio de 2014 en territorio controlado por rebeldes en el este de Ucrania, donde tropas del gobierno y separatistas combatían desde meses atrás.

Las autoridades ucranias y occidentales dijeron que el avión fue derribado por un misil de los rebeldes, muy probablemente por error y que Rusia había suministrado el arma y había enseñado a los rebeldes cómo usarla. Tanto los separatistas como Moscú lo niegan desde entonces.

Un informe preliminar divulgado en Holanda el año pasado afirmó que la aeronave no tenía problemas técnicos en los momentos previos a estallar en el aire tras ser alcanzada por “múltiples objetos de gran poder procedentes del exterior del avión”, que podría ser un misil.

A un año del desastre, las familias de las víctimas aún aguardan los resultados de la investigación, mientras que los residentes de Hrabove siguen encontrando objetos personales y partes del avión en la zona. Un residente local afirmó una pieza del fuselaje del tamaño de la tapa de motor de un auto, que lleva el emblema azul de Malaysian Airlines.

El cuerpo de un chico que cayó en la calle vecina a la de Tsyb permaneció tirado por días, en pleno calor del verano. Los habitantes pidieron a los rebeldes que controlaban el área que se los llevaran, dijo Tsyb, porque “causaba espanto salir”.

Occidente acusó a los rebeldes de obstaculizar la investigación al impedir el acceso al sitio y alterar el lugar del desastre. Expertos en aviación dijeron entonces que el sitio estaba contaminado, dado que los investigadores no pudieron ingresar en los días posteriores al hecho.

Primero los comandantes rebeldes bloquearon la llegada de los observadores de un organismo de cooperación, luego los combates hicieron que se hiciera peligroso viajar a la zona. El primer equipo importante de investigadores llegó al lugar dos semanas después de la tragedia.

Cuando se le preguntó por la acusaciones de que los rebeldes sustrajeron o destruyeron algunos cadáveres, Alexander Borodai, un consultor de Moscú que entonces encabezaba el gobierno rebelde, dijo a The Associated Press que tuvieron que retirar los cuerpos porque se estaba descomponiendo rápidamente por el calor abrasador.

Borodai, quien parece llevar una vida cómoda en un barrio de clase media de Moscú tras viajar por Donetsk, ciudad de Ucrania, con una escolta de fornidos chechenos armados, dijo que no le importan las conclusiones de la investigación oficial.

“Ya sea que un tribunal lo diga o que haya resultados oficiales de la investigación, tengo que admitir que esa historia me es indiferente”, dijo en conversación en un lujoso restaurante en Moscú. “Sólo sé que no fue nuestra culpa que el avión cayera”.


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