Dalay Heredia :Â Existe en el espÃritu humano una energÃa que concentra los afectos, irradiaciones que nos mantienen unidos, a pesar de las diferencias, la distancia y lo complejo de la existencia. Sin embargo, otro escenario se delinea cuando alguien relacionado con nuestra vida ha estado ausente o es un desconocido.
A veces, la búsqueda se torna un tanto complicada e interviene la casualidad, el azar, lo inesperado, que nos sitúan frente a alguien con quien compartimos sangre y genética, un hermano o una hermana.
Es probable que no tengamos la más remota idea de su existencia, que su nombre sea y semblanza sean diferentes; sin embargo, allà están, los genes que claman desde el fondo de la sangre la proveniencia de un origen común.
En algunos casos, al descubrir la existencia de un hermano o una hermana la alegrÃa nos embarga porque en nuestro interior ha existido siempre la ilusión de que nuestra familia trasciende el reducido ámbito del hogar y se expande por todas partes.
No obstante, en otras ocasiones, se imponen los celos y el rechazo porque se considera al nuevo pariente un intruso que aparece para apropiarse de aquello que nos pertenece. Esta actitud obedece a procesos incompletos del desarrollo de la personalidad que nos anclan al pasado egoÃsta y caprichoso.
Es posible que quienes observan esta actitud de rechazo no conciban la idea de que sus padres, debido a una idealizada imagen, hayan podido tener otra vida, cometido deslices o devaneos cuyo resultado es el hermano que aparece entre la neblina del tiempo.
Algunos se acercan a sus hermanos desconocidos por curiosidad, tratando de encontrar similitudes y coincidencias a partir de las cuales decidirán si continuarán con la relación o, al contrario, la deplorarán.
El hombre que rechaza o abandona a sus hijos no tiene perdón, pero si alguien hace lo mismo con su hermano o hermana es verdaderamente algo fatal, porque se reniegan orÃgenes, afinidades y hasta la historia familiar.
Resulta curioso que quienes tienen dinero o son intelectualmente más preparados sean los que encajan más en esta dimensión de rechazos y abandonos. La rivalidad parece establecerse más sobre la base de la pertenencia y el patrimonio que en un asunto de afecto fraternal.




