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Gotas de amor | julio 14, 2012
Los hermanos y hermanas
Gotas de Amor
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Dalay Heredia : Existe en el espíritu humano una energía que concentra los afectos, irradiaciones que nos mantienen unidos, a pesar de las diferencias, la distancia y lo complejo de la existencia. Sin embargo, otro escenario se delinea cuando alguien relacionado con nuestra vida ha estado ausente o es un desconocido.

A veces, la búsqueda se torna un tanto complicada e interviene la casualidad, el azar, lo inesperado, que nos sitúan frente a alguien con quien compartimos sangre y genética, un hermano o una hermana.

Es probable que no tengamos la más remota idea de su existencia, que su nombre sea y semblanza sean diferentes; sin embargo, allí están, los genes que claman desde el fondo de la sangre la proveniencia de un origen común.

En algunos casos, al descubrir la existencia de un hermano o una hermana la alegría nos embarga porque en nuestro interior ha existido siempre la ilusión de que nuestra familia trasciende el reducido ámbito del hogar y se expande por todas partes.

No obstante, en otras ocasiones, se imponen los celos y el rechazo porque se considera al nuevo pariente un intruso que aparece para apropiarse de aquello que nos pertenece. Esta actitud obedece a procesos incompletos del desarrollo de la personalidad que nos anclan al pasado egoísta y caprichoso.

Es posible que quienes observan esta actitud de rechazo no conciban la idea de que sus padres, debido a una idealizada imagen, hayan podido tener otra vida, cometido deslices o devaneos cuyo resultado es el hermano que aparece entre la neblina del tiempo.

Algunos se acercan a sus hermanos desconocidos por curiosidad, tratando de encontrar similitudes y coincidencias a partir de las cuales decidirán si continuarán con la relación o, al contrario, la deplorarán.

El hombre que rechaza o abandona a sus hijos no tiene perdón, pero si alguien hace lo mismo con su hermano o hermana es verdaderamente algo fatal, porque se reniegan orígenes, afinidades y hasta la historia familiar.

Resulta curioso que quienes tienen dinero o son intelectualmente más preparados sean los que encajan más en esta dimensión de rechazos y abandonos. La rivalidad parece establecerse más sobre la base de la pertenencia y el patrimonio que en un asunto de afecto fraternal.

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